Gualeguaychu y la leche de una misma vaca
Gualeguaychu y la leche de una misma vaca.
Yo tenÃa siete u ocho años, era alto y flaco como mi papa. En razón de que se me habÃa hinchado la barriga y me habÃan salido lamparones en la cara, mis padres decidieron en esas vacaciones de verano mandarme a Gualeguaychu, a la casa de mi abuela. Alguien le habÃa dicho a mi mama que yo necesitaba tomar todos los dÃas leche de una misma vaca. Con mi abuela tendrÃa eso, pensaron y además "ella esta todo el dÃa sola y le hará compañÃa". No recuerdo quien me llevo hasta la balsa que hacia el recorrido Zarate - Puerto Constanza, ni a quien me encargaron, el caso es que a la noche de ese mismo dÃa ya estaba en casa de mi abuela. Ella vivÃa con dos hijos, mi tÃo Eleuterio y mi tÃo Andrés. Hermanos de mi mama. Corujo el apellido. Del tÃo Eleuterio no recuerdo casi nada. Del tÃo Andrés si. Lo recuerdo patente. Era rengo y trabajaba en la recolección de basura de la municipalidad de Gualeguaychu. TenÃa el pelo negro, ondulado y largo, con melena. Se peinaba para atrás y se ponÃa brillantina. Fumaba Gavilán y usaba siempre siempre pañuelo blanco de seda al cuello. Y bombachas. Y alpargatas. Era alto, rudo, musculoso, poco reÃa, y todos los dÃas, luego del almuerzo, la consabida siesta. Mi abuela tenÃa su pieza. Yo dormÃa en la de mi tÃo(ja ...dormÃa). Al segundo dÃa empecé a extrañar mi casa, allá en Zarate, a mi madre, mis hermanas, mis amigos del barrio. Trataba de que mi tÃo no me oyera llorar...... Siesta de verano con el sopor húmedo de noviembre. Solo se oÃa el canto de las chicharras y el llanto que yo no podÃa silenciar. Mi tÃo, tan severo, me decÃa no sea mujercita y me daba golpecitos en la cabeza con una caña tacuara muy larga e infalible. El se acostaba en un catre en diagonal adonde yo trataba en vano de contener el lloriqueo. La siesta era una diaria tortura para mÃ. Apenas me movÃa en mi catre, zas, ahà estaba el cañazo. Mi tÃo no dormÃa la siesta. Se acostaba a descansar y a leer. LeÃa El Tony y El Tit-Bis. Yo leÃa los Tonys viejos cuando el no estaba. El Tit-Bis no porque no tenia dibujos. Cada dÃa que pasaba extrañaba más. En mi desesperación comenzó una intima relación con ese alguien del cual hablaban los mayores. Me refiero a Dios. El era para mi un viejito de barba blanca que tenia un látigo en la mano, un ser invisible que todo lo veÃa y si te portabas mal, leña, y si te portabas bien, te premiaba., dandote lo que quisieras. Yo me portaba bien. Asà que en las siestas y en las noches yo me acurrucaba en mi catre y cerrando los ojos decÃa: "si existÃs, cuando yo abra los ojos, quiero estar en mi casa"...y esperaba...esperaba, abrÃa los ojos y nada...nada sucedÃa. Entonces me consolaba pensando que yo abrÃa los ojos muy rápido, asà que cada dÃa, trataba de tardar más en abrirlos. Cuantas tardes y noches, cuantas. Un domingo, mi tÃo me llevo a la plaza a ver la retreta. Quede maravillado con aquella banda, con su música y sus brillantes instrumentos. De regreso entramos a un boliche, me compro caramelos y el tomo Lusera con caña. Bebió mucho y llegamos tarde a la casa. Respiraba resoplando y no decÃa ni una palabra mientras mi abuela, también sin decir palabra, lo ayudaba para acostarse. Esa noche seguà el desafÃo con todas mis fuerzas: " si existÃs, cuando abra los ojos, quiero estar en mi casa"..............Yo no se cuantos dÃas o semanas o meses pasaron. El caso es que en esta nebulosa de tantos años, se me quedo grabado en lo mas profundo del alma aquella angustia de extrañar mi casa con mi madre tierna y dulce y los olores y el tac tac de aquella Singer tan bella y mágica donde mi mama hacia milagros para las vecinas y para nosotros, mis tres hermanas y yo. No se si regrese a casa en un Expreso Azul o en un Expreso Urquiza. No recuerdo. Si recuerdo que nunca tome leche de una misma vaca y que cuando llegue a casa abrace fuertemente a mi madre y bajo esa tibieza protectora, llore sin temor a la caña tacuara o a que me dijera mujercita. Hoy estoy tan lejos de mi Zarate y extraño tanto que me dan ganas de retar al que te dije y decir bajito, cerrando los ojos " si existÃs , quiero que cuando los abra, aparezca en Zarate"....esas ganas me dan , vistes.
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Me hizo acordar de mis vacaciones en el campo de mi tÃo Eduardo, acá nomás, cerquita en San Eduardo... No tal lejos como Gualeguaychú... Como era el más chico de la familia, ya que mis hermanos estaban en el secundario y no podÃan faltar a clase, mi viejo me llevaba para ayudarlo a embolsar marlos... ¡mañanas invernales de heladas implacables!!! Pero era más lindo que ir a la escuela y encontrarse con las caras agrias y amargadas de los curas... Cosas de la vida que no se borran jamás... Muy bueno tu relato, me gustó: 10 puntos. Un abrazo y me voy pal'otro...
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Enviado por JOSE BRENDAN WA... el Jue, 25/06/2009 - 19:37.MEJOR INGENIO QUE FUERZA!!!como estas conosco los lugares que estan en tu relato son hermosos realmente me gusto el relato besoso.
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Enviado por MONICA DENIS el Jue, 25/06/2009 - 02:53.